La Palabra

Aporte de Sensei Leonardo F. Vergara Marchant

Muchas veces decimos que algo es sagrado, al referirnos a algo único e inamovible, otros lo identifican con el término divino. En la antigüedad lo sagrado venía a ser algo fuera del alcance de lo humano, más relacionado con toda cosa que no sólo no era explicable para el conocimiento terreno sino que “sacratus” merecía veneración y respeto.

La historia de la humanidad, reconoce palabras, rituales, lugares, cantos, en el ámbito de lo sagrado que, por diversas razones devienen con el quehacer diario.

Actualmente, en algunos de estos aspectos han dejado de ser sagrados; principalmente algunas “sacratus” como enfermedades que se consideraban sagradas; el caso más relevante era la epilepsia a la que se le atribuía este término por considerársele un estado de éxtasis y que algunos personajes de la historia antigua lo poseían.

Otro ejemplo considerado sagrado son algunos lugares venerados por los seguidores de una fe el río Ganges, La ciudad de la Meca o Jerusalén; para el resto de personas pueden no tener importancia, pero para los creyentes en ellos, son más que especiales, pasando a ser parte del “sacratus”.

La palabra es algo que aún sigue tendiendo esta connotación sagrada para algunos, no solo porque es una característica propia del hombre sino porque ha permitido a lo largo de la existencia transmitir conocimiento y sabiduría.

Lamentablemente, el desarrollo filosófico-cognitivo asociado a la palabra como acto humano y sagrado cada día pierde importancia y solo en algunas sociedades iniciáticas, secretas o religiones se mantiene el carácter de sagrado, inclusive existen términos sagrados como las Oraciones a un Ser superior; los Mantras en el Budismo, etc.

En algunas organizaciones, se tienen palabras sagradas que se mantienen como enseñanza y dentro de ello, por diferentes motivos, han cumplido funciones de contraseñas, en los diferentes grados de desarrollo.

El acto mismo de ejercer la palabra, debe entenderse como un ejercicio no sólo de hablar como un simple acto de comunicación entre las personas, sino expresarse no sólo mediante su ser fonemático, sino como una sublimación de transmisión de conocimientos y sabiduría.

La palabra para aquél que busca la verdad, siempre será sagrada per se en sí ya que es sinónimo de “Verdad” y claramente no debe ser casualidad que entonces cuando usted habla, debiese finalizar su intervención, con “es mi palabra”; pues esta expresión refleja un acto único de manifestación de sabiduría y transmisión del más profundo respeto hacia los demás, porque lo que expresamos en la palabra, sale de adentro y hacia los demás para “dar” y manifestar lo mejor de sí. Un hombre consiente de sí, entonces, habla porque ha aprendido la importancia de la palabra y de su alta significación para él y sus compañeros de camino.

Los hombres nunca podemos olvidar en cada momento, que nuestras palabras son el reflejo de nuestros conocimientos y pensamientos y que muchas veces debemos permanecer en silencio antes de utilizar nuestras palabras y antes de dirigirnos hacia los demás; debemos pues utilizar esta herramienta sagrada como el mejor medio de transmisión de conocimiento y conciencia del ser humano, entonces básicamente podemos decir que “lo que diga o no diga, tiene siempre consecuencias” y esto debe ser claramente entendido, asumido y aprehendido.

El Maestro cuando “Habla”, en cada palabra da una enseñanza de vida; la palabra es vida y esta vida es el Verbo y desde esta base, parto para decir que la palabra es sagrada.

La voz que se nos ha dado es esa manifestación de lo abstracto y que somos capaces de trasformar en algo físico y real para la mente de los demás; la palabra gobierna asimismo el oído, la lengua, la vista, los músculos de la respiración, nuestro flujo sanguíneo e inclusive la piel misma; controla el cuerpo en sí.

La expresión de la voz es a nivel de la laringe en donde está ubicaba una glándula que es la tiroides que se encarga fisiológicamente del desarrollo del cuerpo y del crecimiento; en las escuelas iniciáticas orientales ubican allí, el 5to chakra de desarrollo y crecimiento. La palabra es pues esa manifestación de eso mismo, pero hablo del verdadero crecimiento y desarrollo, que es el del conocimiento y la conciencia que nos acerca a lo más elevado de nuestro ser.

La palabra es emitida por la boca pero se forja a la altura donde está un punto medio que separa hacia arriba el sistema nervioso central y hacia abajo el sistema nervioso periférico; el primero que se encarga de nuestra parte psíquica y mental y la segunda de nuestra parte orgánica y motora. Es por ello que al hablar estamos haciendo un equilibrio perfecto entre las dos; el hablar por hablar es romper nuestra propia armonía.

Finalmente, la palabra como dicen los diccionarios no es pues simplemente la expresión de una idea; es algo que va mucho más allá del entendimiento humano; es pues algo sagrado, es una expresión de fuerza y fortaleza humana, es expresión de firmeza y belleza del hombre; es por ello que no solo la palabra es sagrada en sí; sino como una expresión del verdadero conocimiento interno expresado en la más sublime demostración del hombre que es “la Palabra”.